Salvador todo el año

En el estado de Bahía, la ciudad ofrece playa y sol en las cuatro estaciones. Aquí algunas opciones para conocer uno de los destinos más visitados de Brasil.

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“Esta es mi ciudad, y en todas las muchas ciudades por 
las que
anduve volví a verla en un detalle de belleza” (Jorge Amado, 1976)

 

El gran Faro es la referencia. Cerca de allí, la playa de Porto da barra es una magnífica alternativa para disfrutar del sol y el mar en Salvador, en el nordeste brasileño.
En el estado de Bahía, la ciudad que otrora fuera la primera capital del Brasil colonial, fundada oficialmente por los portugueses el 29 de marzo de 1549, es la que tiene la mayor influencia de raíces africanas en el país vecino. No en vano San Salvador fue denominada “Roma Negra” por ser el distrito brasileño que cuenta con el más alto porcentaje de negros fuera de Africa, muchos descendientes de aquellos que provenían del Golfo de Benin y Sudán. Y eso se nota en las calles, en las costumbres y también en su rica historia, mezcla de culturas, credos, colores y sabores.

SAM_5119Atardecer en una de las playas de la zona sur.

Muchas de las casas soteropolitanas representan el urbanismo del siglo XVI, que aún resguarda la arquitectura y fachada original, enclavadas en subidas y bajadas separadas por angostas callecitas adoquinadas. Una muestra de su vida se percibe al visitar el Pelourinho, el centro histórico de la ciudad, que de zona de castigo a los esclavos en épocas coloniales pasó con el tiempo a transformarse en valioso sitio cultural. Su nombre proviene de la palabra –en español- picota, una columna de piedra donde eran azotados y expuestos los “criminales” que no respondían a los dictámenes de las autoridades del momento. Generalmente estas atroces fortificaciones se encontraban en las plazas principales, y el Pelourinho de Salvador es un claro exponente de ellas, sobre todo cuando se trataba de torturar a los esclavos.

Tras la abolición de la esclavitud en Brasil en 1888, los artistas de distintos géneros ocuparon el espacio, que tomó ribetes culturales muy significativos para la urbe costera. Certificado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, sin dudas el Pelourinho, pegado a su famoso Elevador Lacerda (que une la ciudad baja de la alta, el corazón histórico), el Mercado Modelo y su área plagada de comercios, el Puerto y el Fuerte de San Marcelo, forma parte de un periplo obligado y que vale la pena desandar en territorio bahiano, tanto de día como de noche.

SAM_4994Vista desde la ciudad Alta hacia la zona del puerto.

Si en febrero hay carnavales -de los más famosos del mundo- o en junio se celebra la gran fiesta de Sao Joao (“San Juan”), nunca faltan la samba ni los ritmos más autóctonos para mover el cuerpo y alimentar el alma. La destreza se aprecia en la capoeira.
Salvador ofrece un abanico de opciones para explorar. Y una de ellas es el museo, erigido en fundación, del escritor brasileño Jorge Amado, un emblema del lugar a partir de su vida y obra.
Para los amantes de lo arquitectónico, lo religioso o simplemente curiosos se aconseja dar una vuelta por algunas de las iglesias, como Nuestro Señor de Bomfim, San Francisco o Nuestra Señora de los Pretos. Un dato es clave para entender el culto religioso: el municipio se jacta de poseer 365 iglesias, una por cada día del año.

Otro punto referencia de la ciudad es el Faro, donde se emplaza el Museo Náutico de Bahía, con historias de náufragos y barcos que surcaron aquellas aguas, además de instrumentos de navegación y cartografía marítima.

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Entre caminatas y encuentros, compartiendo un trago de cachaça se escucharán relatos del candomblés, la arraigada religión de los afrobrasileños. Al paso también se podrá vislumbrar la destreza que regala la famosa capoeira, muestra de la combinación del baile, un acrobático arte marcial y las expresiones corporales fruto del mestizaje entre descendientes de africanos e indígenas.
Los bares del barrio Río Vermelho encienden la vida nocturna bahiana. Aunque en toda la costanera no escasea la cerveza bien fría ni tampoco el tradicional acarajé, una masa elaborada con frijoles y cebolla, después frito en aceite de palma y que lleva un agregado de salsa de pimienta, vatapá y caruru, y también camarones. Otro plato típico para placer del viajero es una sabrosa moqueca, una delicia de pescados (camarones en especial) cocinados en aceite y leche de coco, con tomates, cebollas y pimientos.

 

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La populosa Salvador (la región metropolitana tiene más de 3.700.000 habitantes) no escapa a los contrastes que ofrece Brasil, con paisajes de ensueño y abundantes rincones turísticos pero con la pobreza y desigualdad social a flor de piel. En una de sus obras (Bahía de todos los Santos, 1976) Jorge Amado escribió: “Si quieres verlo todo, en el ansia de aprender y de mejorar, si quieres realmente conocer Bahía, entonces ven conmigo y te mostraré las calles y los misterios de la ciudad de Salvador y te irás de aquí con la seguridad de que este mundo está errado y que hay que rehacerlo para bien. Porque no es justo que tanta miseria quepa en tanta belleza“. Aquellas palabras siguen tan vigentes como su inmenso autor. La miseria y las diferencias económicas están a la vuelta de la esquina, y se notan, pero eso no dificulta que todos disfruten del paisaje, tan democrático como el aire que se respira. Cada habitante puede caminar en libertad, nadar en el mismo mar y transitar por los rincones de la ciudad, algo que en otras épocas estuvo prohibido para muchos de los habitantes.

SAM_4767Parada costera en el área principal de Río Vermelho.

SAM_4757Camino a la playa de Farol da Barra, ahí nomás del Museo Náutico.

SAM_4762Cañones del antiguo fuerte militar de Santa María, antes de Porto da Barra .

El viajero debe apuntar a Salvador en su itinerario; es más, tiene que estar marcada en la hoja de ruta teniendo en cuenta que además de su riqueza histórica su clima tropical cálido la convierte en un destino para disfrutar todo el año. Por dar un ejemplo, en junio uno se puede deleitar con 30º grados. No existen los inviernos para quienes llegan desde otras latitudes, con lo cual el visitante puede ir sin mucho abrigo porque sencillamente no lo necesitará.

La temperatura del agua hace que locales y visitantes se acerquen al mar con asiduidad. Con más de 50 kilómetros de costa, las principales playas son Ondina, Pituba, Artistas, Itapuá y Flamengo, ésta última más alejada (hora y media de bus desde Barra) pero con amplios espacios y mar abierto. Allí se destaca la Barranca do Loro, una de las áreas más concurridas de la zona.


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Panorámica de Porto da Barra desde unos de sus extremos.

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La mencionada playa de Porto da Barra, la única bañada por las aguas de la Bahía de todos los Santos, en la zona sur, es punto obligado de extranjeros y residentes. Sin olas y con aguas calmas, el lugar es perfecto para nadar, practicar standup-paddle (mezcla de remo y surf) y dejarse abrazar por el sol y la arena.
La costanera está repleta de restaurantes. Aunque para comer no es necesario salir de la playa ya que allí también hay puestos para degustar ostras y camarones, y beber con placer un refrescante coco. Y, claro está, los vendedores de queijo (“queso” caliente en una especie de palito de helado) son un clásico a los que no se puede escapar.

Las camisetas del Vitoria y el Esporte Clube reflejan una de las pasiones más arraigadas de la ciudad y todo Brasil. El fútbol se vislumbra a cada paso, pero es en la arena donde la técnica de los bahianos se luce en un verdadero arte del juego estético, embellecido por el toque sutil desde pies a cabeza. La pelota es una estrella infaltable.

SAM_4964Un bahiano hace “jueguitos” en las arenas de Flamengo, en las afueras.

Por caso, al oeste de la metrópoli, después de serpentear el bello Dique de Tororó, en Nazaré, se impone el imponente Arena Fonte Nova, un estadio remodelado especialmente para la Copa Confederaciones que se disputó en junio de 2013. Su costo demandó unos 295,8 millones de dólares y es una de las perlas que tendrá el Mundial de este año, donde Salvador tiene el privilegio de ser una de las doce sedes del torneo más importante del deporte rey.

SAM_4919El Dique de Tororó, en el colorido barrio de Nazaré.

Al final del viaje se decanta una conclusión: por donde se la mire, Bahía es un destino ideal para gozar de un buen descanso del cuerpo y la mente. Su costa, la música y una estupenda gastronomía enriquecen el alma de cualquier viajero. Porque en definitiva, Salvador es la combinación perfecta de sol, mar y cultura.

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COMO MOVERSE
Desde el aeropuerto Luis Eduardo Magallanes hay micros de línea que te dejan en varios puntos de la ciudad. De alojarse en Barra, uno de los sitios elegidos por los visitantes, las posibilidades para llegar a la morada son a través de los ómnibus ejecutivos con cartel Aeroporto-Praça da Sé, y los bondis convencionales de la empresa Ondina “Aeroporto-Campo Grande” y también los de la compañía Río Vermelho que dicen “Aeroporto-Lapa”. El trayecto dura unos 50 minutos. De noche lo ideal es un taxi o transfer. Además de caminar, siempre lo más económico para moverse es por medio del transporte público, que cuenta con un amplio sistema de autobuses. Para aquellos con poco tiempo o para quienes prefieren los tours guiados están los recorridos de Salvador Bus.

RECOMENDACION

Che Lagarto, con la mirada en el mar

SAM_4776Frente al mar, en la avenida Oceánica número 84, Che Lagarto Salvador es una buena opción para pasar unos días en la famosa ciudad bahiana. El hostel, localizado en Barra, en la zona sur, tiene una excelente ubicación. Cruzando la calle está el agua, y en apenas unos minutos a pie, saludables playas y el gran Faro. Un poco más allá, siguiendo la costanera, las arenas de Porto da Barra. De bella arquitectura, la locación tiene dos pisos, con una maravillosa terraza con vista al océano, un bar y una sala de estar desde donde se aprecia una magnífica panorámica. Desde habitaciones individuales a compartidas, es el hospedaje ideal para el visitante dispuesto a conocer la cultura de Bahía. Atendida por sus propios dueños, y fiel al estilo de la cadena Che Lagarto, se destaca por la eficiente atención al huésped, que articula muy buena onda, seguridad y comodidad durante las 24 horas. El desayuno es abundante y se compone de leche, té, café, jugos y dulces de la región, como así también tortas de elaboración propia. Su cocina además ofrece platos típicos.

CUIDADOS
En cuanto a la seguridad, uno de los miedos más frecuentes del viajero, se deben tomar los mismos recaudos que en cualquier gran urbe de Brasil y Sudamérica, como Buenos Aires o Lima, por citar algunas. Los propios lugareños insisten en que el extranjero trate de llevar poco efectivo encima y evitar tener objetos de valor a la vista, como cámaras de fotos. En el pelourinho se congregan muchísimas personas, sobre todo de noche, por lo que hay que tener cuidado con los carteristas.

EN LA RUTA
Una vez en Salvador, el viajero puede desplazarse al sur y conocer la Isla Itaparica y el Morro de San Pablo. También ir a Praia do Forte, uno de los paraísos que tiene Brasil en sus 9200 kilómetros de playa. Hacia el norte, a unos 80 kilómetros, una buena idea es visitar Costa do Sauípe.

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