Rodando por Amsterdam

Al salir de la terminal de Amstel, parada de trenes y micros al sur de Amsterdam, inmediatamente se puede notar que el estacionamiento más grande es de bicicletas. No es casualidad, sino toda una postal de la maravillosa capital de Holanda, que ofrece un admirable trazado de ciclovías que hace posible disfrutar de una manera diferente las variadas atracciones de una de las perlas de Europa.

 

SAM_0786Recorrer en bici la célebre ciudad de los Países Bajos es una experiencia única. Además, el andar en dos ruedas tiene una consecuencia valiosa para la ecología: no contamina el medio ambiente. Fue así que a mis extensas caminatas en este viaje agregué un profuso pedaleo.
Es cierto que la llamada “Venecia del Norte”, en sus orígenes un pueblo de pescadores, es famosa por sus pintorescos canales del siglo XVII -declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO – y su peculiar arquitectura, aunque también lo es por sus coloridos tulipanes, excéntricos “Coffee Shops” y un exótico mercado sexual al paso del curioso visitante. Pero los residentes tienen mucha razón en enojarse por éstas dos últimas referencias de popularidad, porque la ciudad, donde la tolerancia y los derechos individuales son regla existencial para propios y extraños, es mucho más que eso, y solo basta con bucear en sus entrañas para comprobarlo.

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Llegué en bus, desde Alemania. Después de caminar un largo rato me senté en un bar llamado Hesp a tomar unas cervezas (fueron un par de Koren Wolf) y tratar de ubicarme con un mapa algo desdibujado. Cuando logré orientarme seguí rumbo al casco céntrico. Luego de varias cuadras desemboqué en el Monumento Nacional, un obelisco levantado en conmemoración de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Allí contemplé por un tiempo que no puedo precisar la emblemática plaza Dam, minada de turistas, estudiantes universitarios y numerosos locales que iban y venían como parte de su rutina diaria. El día era soleado, espléndido. Disfruté del paisaje urbano -un deleite constante en mis viajes-, saboreando el placer de estar en un sitio que hacía años deseaba conocer.

SAM_0591Cuando arribo a un destino, siempre intento recordar las primeras cosas que supe sobre él. De Amsterdam, supongo, además de las clases de geografía llegó a mí por uno de sus equipos de fútbol, el Ajax, club donde se había formado uno de los jugadores que veneraba de niño: Marco van Basten. Tenía nueve años cuando el seleccionado holandés fue campeón de Europa en 1988 y van Basten, por ese entonces delantero en el Milan italiano, era su máxima figura. Siempre buscaba imitarlo esquivando macetas en el patio de mi casa, mientras relataba en voz alta la jugada y encaraba para definir al gol ante la salida de mi hermano Marcos, que atajaba sin descanso, volando de palo a palo debajo de dos árboles y un cordel que hacían las veces de arco. Aquel espacio era nuestro San Ciro. Pura felicidad.

Por el fútbol supe sobre lugares que –en mi infancia- nunca sospeché que algún día podría visitar. Amsterdam era uno de ellos. Quizás por eso, sentado en un banco de la Plaza Dam, después de rememorar con nostalgia pequeños instantes de mi querido pueblo, más fue el goce en mi viaje.

SAM_0548La plaza Dam, uno de los puntos neurálgicos del casco céntrico.


Cuando apareció el cansancio, alcé mi valija y me dirigí a paso lento a lo que sería mi morada: un departamento en la calle
Warmoesstraat. Allí me esperaba Johana (“Juanita”, como le gusta que la llamen los hispanoparlantes), una holandesa súper hospitalaria que me abrió las puertas de su hogar y con quien compartí hermosos momentos. Nuestra vida se cruzó gracias a Couch Surfing, ya que su amor por Latinoamérica (Colombia en especial) hizo que intercambiáramos mensajes para asistir a un concierto de Calle 13 que se realizaría en la ciudad. Cuando llegué, no solo me ofreció su casa sino que también ya tenía en su poder los tickets para el recital. Un gesto maravilloso. Nuestros días juntos fueron geniales. En su balcón interno, con la torre de la Oude Kerk, la iglesia más antigua de Amsterdam  –consagrada en 1306- sobre nuestras cabezas, charlamos largo y tendido de política, historia y de las relaciones humanas. Como muchos europeos mostraba especial interés sobre los años de dictadura militar en nuestro país y gran parte de Sudamérica, cuando los Derechos Humanos fueron avasallados de las formas más horrendas. Hablamos de costumbres argentinas y de raíces latinoamericanas, pero también indagué acerca de su nación y sobre toda Europa.

Cada mañana, por la tarde e incluso en la noche, o cada vez que resonaban las campanas, me asomaba y miraba hacia esa cúpula histórica de Oude Kerk, que esbelta se presentaba ante mis ojos. Estaba en el corazón de Amsterdam, y realmente sentía que la ciudad latía a mí alrededor.

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La bicicleta es el medio de transporte ideal para conocer la bellísima capital holandesa, con sus típicos canales y sus multifacéticas actividades culturales.

SAM_0512La bici fue una gran compañera. Realmente disfruté de nuestros paseos. Ir hasta Paradiso, donde se presentó Calle 13, y encontrarme sin tumultos ni extensas filas fue fenomenal. No parecía un recital de esos a los que había asistido en Buenos Aires o Río de Janeiro. Pero más me impresionó el hecho de que el único estacionamiento del lugar era justamente para bicicletas. Allí las dejamos con Juanita, dispuestos al baile.
Colombianos, mexicanos, chilenos, uruguayos y otros tantos de Sudamérica y Centroamérica inundaron el recinto, al que se sumaron algunos europeos que intentaban imitar sus pasos. Calle 13, con su música, sin dudas acercaba a muchos con su madre patria, a un ritmo hermanado en letras y compases. Aquella noche fue una verdadera fiesta.
Ya de madrugada, fui hasta el estacionamiento, tomé mi bici y volví hasta Warmoesstraat, recorriendo parte de la vida nocturna en dos ruedas, con la certeza de que la inseguridad no era un problema, como así tampoco perderme entre las callecitas y los bellos canales.

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Cuando tocó caminar, moverme por el barrio “rojo” -donde me hospedaba- fue transitar por un rincón citadino cargado de historia. Allí en los ‘60 se introdujo la heroína y el lugar se convirtió en el más peligroso de la zona, donde abundaban adictos y maleantes de todo tipo. Hoy, lejos de aquellos tiempos, su recorrido ofrece actividades de diversa índole. Depende del mes se pueden contemplar distintos eventos. En mi caso me encontré, por ejemplo, con el festival de
Grachtenfestival, unos conciertos al aire libre ofrecidos por talentos locales a lo largo del día. Mi primera noche en la ciudad, con Juanita seguimos el sonido y los aplausos hasta toparnos con una banda envuelta en una dulce voz de origen turco que nos endulzó los oídos. Música en la calle, entre los puentes, de eso se trata este festival conformado por futuros artistas que exponen su poesía al paso del ciudadano y el fortuito viajero.
En esos días presencié un ciclo de óperas brindado desde las ventanas de los hogares, en la mismísima Zeedijk. Parecía surrealista. Con poco tiempo de diferencia, la danza china, un coro de hombres y mujeres con un piano rodante (tenía ruedas y en las esquinas entonaban canciones tradicionales holandesas) completaron un programa extravagante en la liberal Amsterdam.
Es que Amsterdam tiene un sin fin de espectáculos culturales a lo largo de todo el año. Y si en invierno, cuando el frío logra congelar las aguas es como un sueño patinar sobre el hielo de los célebres canales, en verano con solo agarrar una bicicleta y un mapa –o sin él- es posible armar estupendos itinerarios. Me gustaría proponer uno, a modo de incentivar la curiosidad y el andar en bicicleta. De paso, revivo ese pedaleo por la capital holandesa…

Si se parte del Monumento Nacional, junto al Palacio Real, en la plaza Dam, el periplo a recorrer es tan amplio como seductor. Un circuito posible es ir hasta la Estación Central y tomar la antes mencionada Zeedjik, para encomendarse a una de las calles más representativas de la ciudad.
Después de transitar toda Zeedjik se llega al majestuoso castillo de Waag, construido en 1488, llamado la puerta de Amsterdam en la época medieval. Allí es un buen lugar para realizar un pequeño respiro y comprar un refresco en la feria contigua, Nieuwmarkt, un rico mercado de especies, hierbas, frutas y quesos, entre otros productos, que vale la pena degustar y descubrir.

SAM_0577El castillo de Waag, un referente histórico de la capital de Holanda.

De ahí es válido seguir camino por St. Antoniebreestraat, pasar por la Casa de Rembrandt, tomar aire y continuar el periplo por Weesperstraat hasta Sarphatistraat, ya fuera del perímetro céntrico.
Es para deleite bordear el canal Singelgracht, saludar al Banco de Holanda y llegar hasta la explanada donde se encuentran el Museo de Rijk y el de Van Gogh, haciendo un alto en el césped del parque que acompaña a estos sitios históricos. La zona, denominada Museumplein, es particularmente preciosa.

SAM_0595 Ahí nomás del Museumplein, reluce el coqueto edificio de Concert Gebouw.

El Concert Gebouw engalana el área.  La sala de conciertos es considerada una de las más importantes de Europa y en ella actúa la Orquesta Real del Concertgebouw, la prestigiosa orquesta sinfónica de Holanda. Al año miles de shows suenan entre sus muros, desde música clásica a jazz o pop.

Para terminar la jornada, se puede pedalear unos minutos más y arribar a uno de los espacios verdes más importantes de Amsterdam: Vondelpark.

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Después de bicicletear por el parque nada mejor que tomar una siesta, que en mi caso significó un descanso perfecto bajo el sol. Nada se compara con ese relax que a mí juicio ofrece la libertad de moverse sin apuro ni atado a programas establecidos, y que además en ese momento sirvió para recuperar energías tras un día a puro pedal.

Dentro de múltiples opciones, los más aventureros pueden animarse e ir más allá: movilizarse unos 25 kilómetros hasta las playas holandesas, entre arboledas y pueblitos conectados por un magnífico sistema de ciclovías. Pero ese recorrido es tema de otra historia.

Por esto y mucho más es que el viajero solo tiene que tener la bocina lista para no chocarse a los distraídos turistas y dejarse llevar entre los canales, ya que moverse en bicicleta es una forma diferente, ecológica y saludable de descubrir los maravillosos rincones de Amsterdam.


Según la embajada holandesa de ciclismo, la DUTCH CYCLING EMBASSY, 16 millones de habitantes poseen 18 millones de bicicletas. Y en la actualidad el país tiene unos 29.000 kilómetros de ciclovías, 12.000 más que en 1996. En dicha organización se detallan interesantes estadísticas y argumentos válidos, desde lo ecológico hasta de salubridad, para utilizar la bici como medio de transporte. En Holanda, sin dudas, es un estilo de vida. Uno de los slogans de la organización, que deseo compartir, esgrime: “Conducir un automóvil es estresante; ir en bicicleta es liberador”.

 

APUNTES VIAJEROS

OPCIONES. La recomendación de siempre es caminar, pero aquí agrego la bicicleta por la injerencia de la misma en el andar diario de la ciudad. Otro paseo entretenido es navegar por los canales, donde empresas de lanchas y barcazas ofrecen sus servicios.

CONSEJO. En Amsterdam camine por las veredas y no por las calles, evitará el enojo de los residentes y algo sumamente importante: ser atropellado.

COMO LLEGAR. El aeropuerto de Schiphol está ubicado al sudoeste, en las afueras, con rápidas vías de comunicación con el centro de la ciudad.

MAS INFORMACION

Guía oficial de Holanda 
Web oficial de Amsterdam
Portal I Amsterdam 
Amsterdan en 360 grados 

 

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