Pedaleando hacia la playa holandesa

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Antes de llegar a Holanda había imaginado conocer una porción de playa del país. Y fue en Amsterdam donde ese deseo se transformó en realidad. Cuando le comenté la idea a Juanita, mi gran anfitriona en aquellas tierras, no dudó en organizar el itinerario hacia la costa.

El camino entre arboledas y pueblos conectados por un sistema de magníficos carriles, me maravilló. El trayecto por ciclovía hasta las playas de Bloemendaal aan Zee, nuestro destino final, fue sencillamente increíble.

Viajamos hacia el noroeste, en bicicleta. Dejamos una ciudad que aún dormía producto de una agitada noche de sábado para adentrarnos, en una mañana a puro sol, en un circuito verdaderamente fenomenal de 25 kilómetros.

La hoja de ruta por Noord-Holland inicialmente llevó a inmiscuirnos en las entrañas de Westerpark, uno de los parques de la capital holandesa, al que saludaríamos tanto de ida como de vuelta. La zona donde se encuentra el pulmón verde también alberga a Westergasfabriek, conocido epicentro cultural de Amsterdam. El edificio de Westergasfabriek se erigió en 1883 por la Asociación Británica Imperial Continental Gas para abastecer, principalmente, al alumbrado público de la urbe. Cuando llegó el gas natural en 1960, la fábrica dejó de funcionar y con los años parte de sus instalaciones fueron demolidas, aunque algunas lograron salvarse para contar la historia. Actualmente, por buenas decisiones, su uso combina múltiples espacios artísticos.

Con la bocina lista para alertar a los desatentos que se atraviesan en el camino (que seguíamos a la par de Haarlemmerweg, o la carretera N200) un típico molino de viento llamó mi atención. De los aproximadamente 1000 molinos de este tipo que quedan en Holanda, De Bloem, “El Molino de las Flores”, es una reliquia construida en 1768. Los molinos de viento y agua, en muchos casos harineros y en otros con funciones relacionadas con el drenaje y control de agua, pueden visitarse solo el Día Nacional de los Molinos (Nationale Molendag – 11 de mayo). De los ocho que persisten en Amsterdam hay uno que ofrece un paseo por dentro: el Molen van Sloten, al sudoeste citadino. Por lo tanto, no se necesita alejarse del corazón urbano para vislumbrar la herencia histórica que brindan estos impresionantes monumentos, signos del trabajo y la cultura del pueblo holandés.

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Saliendo de la urbanización, el paisaje campestre gana terreno. Al paso, como una jugada futbolera del destino, nos topamos con una pelota gigante. Diseñado en 1980 y construido por la empresa Mijmar, el gran balón (cubierto de poliéster, en un marco de acero y proyectado en una base de concreto) reluce a un costado de las canchas de fútbol del complejo deportivo del club Sports Park Spieringhorn.

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Pedaleando a un costado de Haarlemmerweg de a poco uno se interna en el paisaje rural que ofrece ese rincón de Holanda. En el trayecto pasamos por un puente desde donde niños se tiraban a bañarse a las aguas que viborean a los pies de los senderos. La imagen invitaba a imitarlos y saltar, pero a pesar del calor decidimos seguir adelante.

El pintoresco lago Groote Braak dibuja una panorámica estupenda. Al serpentear el área, uno queda encantado con los alrededores de localidad de Walfweg.

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A la par de Haarlemmerstraweg –como guía para el periplo-, que luego continúa en Amsterdamsevaart, atravesamos Haarlem, una ciudad que en el viaje de regreso sería una de nuestras postas de descanso.

Rumbo a la arena tomamos Zweegeg y después de unos minutos alcanzamos Bloemendaal aan Zee. Obviamente el estacionamiento mayor era de bicicletas, así que atamos las nuestras y nos dimos un buen chapuzón en el mar del Norte.

Además de Bloemendaal aan Zee se puede visitar Zandvoort, otra de las playas de referencia del área costera.

Después de pasar la tarde bajo el sol, decidimos emprender el regreso, nuevamente en dos ruedas. También existe la posibilidad de unos kilómetros al norte tomar un ferry hacia Amsterdam. Pero optamos por la primera opción y continuar pedaleando por Noord-Holland.

El trayecto -ida y vuelta- desde Amsterdam hasta Bloemendaal aan Zee, suma unos 50 kilómetros. El viaje en bicicleta, bautizado con una relajante zambullida en el mar, me regaló un sin fin de imágenes de aquella escenografía holandesa. Mi experiencia dice que si se visita la capital de los Países Bajos, hay que salir de los clásicos trazados turísticos y escapar en dos ruedas hasta las playas. Realmente vale la pena, sobre todo en verano. Es un itinerario para disfrutar, entre poblados, parques, una hermosa campiña y formidables construcciones medievales. De paso, el periplo servirá de ejercicio en un circuito verdaderamente atractivo.

 

APUNTES VIAJEROS

HOJA DE RUTA. Para ver los caminos que se pueden hacer en bicicleta, google maps brinda el trazado de la ciclovía y algunos senderos alternativos.

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