Machu Picchu a la vista

Su nombre remite a reverencia: lugar sagrado del imperio inca, es uno de los destinos más visitados de Sudamérica y de los más impresionantes del Mundo.

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Si hay un sitio que deja perplejo al viajero, ese es Machu Picchu. Las ruinas de lo que fuera parte del gran imperio de los incas, al sur de Perú, invitan a sumergirse al pasado de una civilización que dejó una obra arquitectónica fascinante sobre la montaña, en medio de la selva nubosa.
Su mística, historia y la armonía que trasmite el paisaje hacen de su contemplación una experiencia única, cautivante. Es que la imaginación vuela intentando revelar como aquellas rocas fueron talladas y enclavadas a esas alturas (el promedio de altitud de la plaza principal del complejo es de 2.490 metros sobre el nivel del mar), orquestadas con una notable ingeniería que aún genera debate entre los investigadores. Si lo que quedó de Machu Picchu asombra ¿lo que debe haber sido en funcionamiento?

Elegida en 2007 como una de las siete maravillas del mundo moderno y desde 1983 Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, el templo religioso o posada imperial de Pachacútec (primero de los gobernantes del Tahuantinsuyo entre 1438-1471, un reinado que comprendía desde el sur de Colombia hasta el noroeste argentino), es el símbolo turístico de Perú. Fue en el promontorio rocoso de sus andes, sobre las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu, que aquel pueblo realizó su obra maestra y estampó su huella para siempre. Para llegar al santuario primero es necesario recorrer el Valle Sagrado de los Incas, una región que cuenta con otros numerosos monumentos arqueológicos y donde en otra época los monarcas “Hijos del Sol” gobernaban con sede principal en la bella ciudad de Cusco, distante a 112 kilómetros al este.

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A continuación, algunos datos útiles que ayudarán al momento de emprender el viaje a uno de los sitios más extraordinarios del planeta.

Itinerario de ensueño

Ir hasta Machu Picchu es, de principio a fin, apasionante. Una posibilidad es conseguir un vuelo directo, aunque la opción más frecuente es volar hacia Lima, conocer la capital peruana al son de las olas del Pacífico y luego sí partir hacia Cusco, a unos 1.000 kilómetros de distancia. Si bien lo ideal es recorrerlo con la mochila, “a dedo”, el viaje siempre depende del tiempo que se tenga. El traslado en micro desde la capital demora unas 19 horas, por lo que de contar con pocos días se recomienda el avión (Star Perú y Avianca saben ofrecer interesantes promociones) para en poco más de una hora estar en una de las ciudades históricas del continente desde mucho antes del Virreynato del Río de La Plata.

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Una vez allí, a 3.399 metros de altitud, en el corazón de lo que fue un colosal imperio, el Valle Sagrado de los Incas es la ruta a seguir. Dicho camino comprende la zona entre Písac, Urubamba y Ollantaytambo, a la par del gran y extenso río Vilcanota. Aunque los complejos arqueológicos están distribuidos en Písac, Chinchero, Moray y Ollaytaytambo, hay excursiones que salen desde Huambuto, al este, hasta Aguas Calientes, a los pies de Machu Picchu. En lo posible también hay que visitar Qenko, Tambomachay, Maras y Choquequirao. El derrotero puede ser amplio y siempre depende del viajero. A cada paso en suelo cusqueño, diversas empresas ofrecen los circuitos. Si además del recorrido, se desea entrar al interior de los sitios, hay que abonar un pase general.

Cusco, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1983, se puede describir en su Plaza de Armas y sus pintorescas iglesias de estilo colonial; en sus tradicionales mercados de comidas y prendas típicas; en los vendedores ambulantes de todo género y edad; en el frenesí de su noche, que empieza con el convite casi acosador a los bares y termina en la madrugada cuando el sol refleja sus primeros rayos en la figura esbelta del emperador Pachacútec, en la plaza central. Cusco es tener que esforzarse para respirar luego de una escalinata por calles angostas y empinadas, algo que puede dejar sin aire al más intrépido de los viajeros (la clave para lidiar con la altura es tomar la píldora sorochi y descansar bien); es escuchar casi al oído el llamado a los massages (“masajes”); es caminar por el barrio San Blas hasta el Cristo y allá, en lo alto, dirigirse a las ruinas de Sacsayhuamán, en las afueras de la ciudad.

Hoja de ruta
Desde Cusco parten tours hacia todos los puntos turísticos, con Machu Picchu como principal estrella. Para los más intrépidos, nada mejor que hacer ese trayecto por su cuenta. En ese sentido, dejamos algunas pistas.

Una vez elegido el día para la visita hay que coordinar la compra del billete de ingreso con la movilidad, es decir, cómo llegar hasta la reserva nacional y poder ingresar. Lo ideal es consultar horarios y precios de los trenes (ver en Perú Rail, Inca Rail y Machu Picchu Train, que cuestan –en su precio más económico- unos 100 dólares promedio (ida y vuelta). Y al mismo tiempo hay que sacar el ticket a Machu Picchu en la Casa de la Cultura (en Av. Del Sol) o por Internet, a cambio de 126 soles (hasta mayo de 2014). Para agregar al paseo Huaynapicchu, la montaña más alta del santuario, la entrada debe adquirirse con anticipación debido a que los cupos son más limitados (para eso hay que desembolsar 150 soles).
Boletos en mano, un posible periplo entre Cusco y Machu Picchu es ir hasta la calle Pavitos (entre Belen y Lechugal) y tomarse una de las tantas combis (por unos 10 soles) que salen hasta Ollaytamtambo, desde donde parte el tren –único medio de transporte- hacia Aguas Calientes. Lo ideal es pernoctar en “Ollanta”, recuperar energías y por la mañana, bien temprano, estar en la estación ferroviaria listo para deleitarse de una hermosa travesía sobre rieles.

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Una vez en el pueblo de Aguas Calientes hay dos opciones: subir hasta Machu Picchu en micro (17 dólares, ida y vuelta) o hacerlo caminando. Si el estado físico lo permite, aconsejamos la segunda alternativa ya que es excitante escalar entre bloques de piedra y la frondosa vegetación. A medida que se trepa por las rústicas escaleras empiezan a visualizarse las primeras terrazas agrícolas, en un paisaje montañoso que gana espacio en la altura, con la humedad a flor de piel. Sin apuros, con los cuidados del caso (hidratado, con repelente y protección solar) en un poco más de una hora se llega a las puertas de la llamada “Ciudadela”. Después sólo queda una cosa: disfrutar.

Otra posibilidad es realizar el “Camino del Inca”, que tiene el paquete más clásico con un espectacular trekking de 4 días y 3 noches, con guías especializados para una travesía fantástica por la naturaleza cusqueña (desde los 400 dólares y cubre traslado, indumentaria y comida).

Pero más allá de cualquier elección, y si el clima ayuda, regocijarse con Machu Picchu es una experiencia inolvidable. Y con algo de suerte, quizás el sol acompañe en la subida para luego las nubes, como jugando con el halo místico que envuelve al lugar, cubran los picos montañosos e inviten a la lluvia para darle un toque mágico a un sitio increíblemente encantador.

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DONDE ALOJARSE
Si se hace base en Cusco, allí una habitación para dos en un hotel tres estrellas no es caro. Una cama en una pieza compartida de un hostel -con desayuno incluido- se consigue por 12 dólares. Che Lagarto, que está a tres cuadras de Plaza de Armas, es una gran alternativa no sólo por su excelente ubicación sino también por su confort y atención. En Ollaytaytambo se logra comodidad por 85 soles, con una pieza doble (se recomienda Wayra’s Hostal) a 50 metros de la estación de trenes. En Aguas Calientes, a los pies de Machu Picchu, un dormis sale 20 soles y un cuarto 40.

QUE COMER
La gastronomía peruana es abundante y como siempre se recomienda probar los platos típicos. Desde ceviche, chicharrones, cuy al horno hasta pescado frito son dignos de degustar. En un restaurante cerca de Plaza de Armas se consiguen menús desde 20 soles. En los mercados y otros lugares como moradas familiares o puestos al paso se puede almorzar por apenas 5 soles (sopa, segundo plato, jugo y un té). Además de económico se interactúa con la gente local.

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