Londres a tus pies

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El paisaje al llegar a la isla generalmente es gris. Pero a veces el sol le abre camino al viajero en su paso. A mí me sucedió y aprovechando ese guiño del destino pensé: nada mejor que caminar para conocer Londres, la capital de un imperio que aún perdura en el tiempo.

No me sorprendió divisar desde el avión innumerables nubarrones y un cielo totalmente encapotado. Las primeras gotas de lluvia que me recibieron tras aterrizar en Gatwick, uno de los aeropuertos de la ciudad -ubicado al sur-, eran el preludio de previsiones meteorológicas que imaginada antes de visitar esa parte del territorio inglés. Aunque luego, el clima cambió y los días se hicieron tan soleados como excitantes.

Esperar el metro, sin mapa ni guía alguna, no me perturbó. Solo tenía la dirección del hostel donde me quedaría, en Russel Square. Llegué a la estación Victoria y una agradable mujer de información turística me orientó –un poco en inglés y otro tanto en español- hacia mi futura morada. Salir de la terminal me impactó. Pisar Londres era una realidad que no dejaba de emocionarme.

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Tomé el famoso Undergraund, que funciona desde 1867 y es uno de los mejores sistemas de trenes subterráneos del planeta. Después de algunas conexiones me bajé en la estación Russel Square. A dos cuadras, en la calle Guilford Street, estaba el hostal, que no era la gran cosa pero tenía una buena ubicación, emplazado muy cerca del Museo Británico.

Como en casi toda Europa occidental, el metro funciona con excelencia y conecta todos los rincones de la metrópoli. Es caro, pero vale la pena por la eficiencia de la red. Para moverse también están los famosos micros rojos doble cabina, que además de unir los distintos barrios algunos hacen recorridos especialmente pensados para los turistas.

Pero para mí no hay como patear la calle. Sin dudas Londres debe ser una de las ciudades en las que más caminé: recuerdo que un día hice 30 kilómetros. Fue agotador, pero increíble.

SAM_1426Millenium Bridge, uno de mis pasadizos preferidos de Londres.

Quería conocer y respirar en tierra inglesa. A mí me bastaba con eso, con transitar las calles, contemplar edificios y deambular por ahí, sin rumbo definido, fuera a orillas del Támesis, el centro o por algún suburbio.

Caminé mucho de un lado y otro del río varias veces. El serpenteo del Thames se convirtió en uno de mis paseos favoritos.

 

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Vista desde el cruce de Lambeth.

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Contemplando el paisaje, con la mirada puesta en Millenium Bridge.

Desde la estatua de Winston Churchill, en Parliament Square, se contempla imponente el palacio de Westminster y el majestuoso Big Ben (o Tower Elizabeth), donde el reloj marca la hora desde 1859. Estuve largo tiempo parado allí, observando el paisaje, el tránsito, el pasar de locales y turistas y también tomando fotografías. Sonreía a cada paso, por el privilegio que tenía de disfrutar de un viaje que tiempo atrás parecía difícil de efectuar. Soñar no cuesta nada, y es uno de los actos de libertad más puros. Yo soñé con el periplo europeo y lo llevé adelante.

SAM_1162El majestuoso Big Ben desde una de las esquinas de Parliament Square.


Caminar hacia el puente cercano (
Westminster Bridge) y encontrarme con las aguas amorranadas del Támesis, me puso la piel de gallina. Giré 360 grados sobre mi eje, lleno de placer. Desde el pasadizo de Westminster se robó mi atención London Eye (“Ojos de Londres”), que día tras día una y otra vez gira repleta de turistas con sus cámaras listas para todos los flashes posibles.
Se puede cruzar y subir a la rueda gigante para disfrutar de una preciosa panorámica o volver para tomar Parliament Street, que luego se convierte en Whitehal y llegar a Trafalgar Square, cita obligada de la ciudad. Allí, custodiado por esculturosos leones se erige el monumento a Nelson –uno de los almirantes más famosos del Reino Unido y Europa-, héroe en la batalla de Trafalgar (21/10/1805), en la que perdió la vida. El célebre marino le da la espalda a la Galería Nacional, a la que -al igual que el Museo Británico- se puede acceder en forma gratuita.

 

SAM_1139A la izquierda, The Wall (“El Muro”): la entrada que conduce al Palacio de Buckingham, al que se llega entre efigies y arboledas. De un lado, St. James Park, y del otro, Green Park. Se pueden hacer varios e interesantes periplos entre los parques reales. En mi caso, tomé el sendero de Contitution Hill para, después de hacer un hermoso trayecto, terminar en Hyde Park Corner, entrada al mítico Hyde Park. Por ahí ingresé al inmenso predio. Siempre trato de acordarme mi noción inicial de un lugar o un nombre. Y Hyde Park llegó a mí hace muchos años través de la música de Queen, quien allí había realizado conciertos memorables. Con 140 hectáreas, uno de los grandes pulmones de Londres -el otro es Regent Park, al noroeste-, sirve de espacio de ocio y recreación: desde pedalear en los botes del lago, hacer deportes o descansar sobre el verde césped, hasta seguir a pie bellos senderos como los que conducen hacia la estatua del célebre Peter Pan o el Memorial recordatorio de la princesa Lady Di.

SAM_1371El Palacio de Buckingham, emblema de la realeza británica.

SAM_1384Un picadito de fútbol en el césped de Hyde Park, uno de los pulmones citadinos.

Tras una larga caminata me tiré en el pasto, de cara al lago. Aun me veo intentando atrapar una ardilla, deleitándome con los “picaditos” futboleros –iguales a los que se dan en parques argentinos- y cruzando el puente para instalarme del otro lado del lago, en una cómoda reposera.

Soho es un barrio digno de conocer. Entre enormes carteles luminosos e infinidad de negocios de todo tipo, allí el viajero pierde la noción del tiempo. Para llegar es válido tomar el metro hasta Picadilly Circus y salir justo ante el monumento a Eros, un clásico espacio londinense donde la multitud se agolpa para distintas actividades. Restaurantes y bares copan la parada de inmediato. Los “happy hours”, como en muchos bares locales, generalmente son de 17 a 19 o de 18 a 20, por lo que se pueden aprovechar durante el paseo. De todos modos, si se pretende beber algo después, hay tours especialmente preparados que ofrecen una recorrida por pubs y tabernas. Tras alguna compra en las tiendas desde ahí se puede continuar por Coventry Street y desembocar en Leicester Square, ahí nomás de múltiples teatros y salas de cine, donde resaltan los últimos estrenos del séptimo arte.

Si las piernas resisten no hay que dejar de visitar la feria de Covent Garden, en uno de los distritos más bonitos de Londres. Es un buen lugar para comprar antigüedades y distintivos que van desde souvenirs e indumentaria a obras artísticas, pero también es válido para sentarse a tomar un café en sus alrededores.

 

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Recorrida y violines en Covent Garden.

En octubre pasado, allí mismo Paul McCartney presentó temas de su último álbum (“New”) ante la gran sorpresa de los transeúntes. Covent Garden es un sitio encantador, ya sea para encontrar artesanías o simplemente brindar con la bohemia del área, donde resalta la Piazza, la plazoleta principal del espacio que es sinónimo de entretenimiento desde hace 400 años.

Muy cerquita, a pocos minutos, con algo de tiempo se puede entrar al Museo Olímpico y también el del Transporte, o hacerse lugar en la agenda para deleitarse con una obra o ballet en el Royal Opera House, pegados a la feria creada en el siglo XVII como mercado de frutas y verduras.

A orillas del Támesis abundan los monumentos. El río corta la ciudad e invita a seguirlo. Una buena idea es ir en subte hasta St. Pauls, rodear la hermosa catedral y dirigirse hacia el afluente para cruzarlo por Millennium Bridge.

Una vez del otro lado, es recomendable girar a la izquierda y tomar el camino hacia otro ícono de la ciudad, Tower Bridge.  Antes, en un periplo súper interesante, se puede pasear por el Globo de Shakespeare, el Museo de la Prisión y el Palacio de Winchester, con la Catedral de Southwark a la vista y el cruce de London Brigde.

En ese pasaje, bordeando el Támesis, me encontré con una muestra fotográfica que dejó mudo, atónito. Como muchos curiosos la recorrí en silencio, en medio de un laberinto armado especialmente para la ocasión.
Y luego sí, Tower Bridge es una invitación a la foto, tanto de día como de noche. Caminar por el puente levadizo es como traspasar la historia en unos minutos, porque al hacerlo el viajero se encuentra con las ruinas de lo que otrora fue un colosal e histórico castillo medieval. El complejo de edificios se denomina Tower of London (en español, “Torre de Londres”). Es común que su nombre se asocie de manera equivocada a la “Torre del Puente”, que a su vez muchas veces también es erróneamente mencionada como “Puente de Londres”. Lo cierto es que con orígenes que datan de 1066, sus murallas son una verdadera reliquia británica.  Al igual que Tower Bridge, tiene sus puertas abiertas para el visitante. A metros de allí, el subte en Tower Hills permite un cómodo regreso.

 

SAM_1293Tower Bridge, el puente levadizo más representativo de la ciudad.


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Las Torres de Londres, huella del reinado en tiempos medievales.

CAPRICHOS AL PASO

Disfruté mis caminatas. Me dedicaba a caminar, desde la mañana hasta la noche. Un día decidí ir hasta la casa donde había vivido Freddie Mercury, en Kensington. Fue asombroso deambular en el pintoresco y pudiente barrio londinense, en el que anduve medio perdido por errores propios y malas respuestas de los lugareños. Pero cuando llegué a Garden Longe, a la puerta de la vivienda de una de las leyendas del rock y líder de una de las bandas más influyentes de todos los tiempos, volví a emocionarme. Pensaba en cuando escuchaba en casettes Rapsodia Bohemia o Love of my Life en mi Francisco Madero. Ese simple acto de estar parado allí, para mí era todo un hito.

De ahí me dirigí al sudeste londinense, a Walworth, en busca de complacer otro capricho: conocer el barrio en el que nació Charles Chaplin. De repente estaba en un suburbio, un lugar diferente y menos turístico. Predominaban modestias viviendas y tiendas. Aún me parece oler el pescado que vendían en la gran feria de East Street Market, instalada en East Line, donde sobresalían todo tipo de productos. Recuerdo haber visto una montaña de indumentaria al módico precio de 1 libra la prenda. Caminé toda la calle, de principio a fin, no sin un poco de temor. Era claramente el único extranjero con aspecto de turista. Me volvía loco pensar que ahí, en una de esas casas, había llegado al mundo –un 16 de abril de 1889- uno de los cómicos más geniales del siglo XX. Fui por su estatua, siguiendo a Wikipedia y algunos blogs de viajes, pero jamás la encontré. Busqué nuevos indicios y terminé en Leicester Square, en el centro. Aunque tampoco yacía allí. Había desaparecido sin explicación. Ya no importó. La caminata me había fascinado de todas formas.

Recorrer la metrópolis inglesa me dejó varias percepciones. Una de ellas es que Londres es un monumento a la guerra. Cada batalla, cada conquista –y su ejecutor- del imperio de ayer y de hoy, tiene su escultura en homenaje. El imperialismo británico muestra sus garras centenarias en las calles y en sus salas, donde se exhiben fragmentos sustraídos de todas partes del mundo. Por lo tanto, lo que no es estatua, se convirtió en museo. El Británico, el de Historia Natural, el de Charles Dickens o el de Benjamín Franklin  son opciones entre las numerosas que existen. Incluso los más atrevidos pueden cruzarse hasta Walworth y Lambeth y recorrer el surburbio donde nació el genial Chaplin, o ir más allá, hacia Whitechapel, donde Jack “El Destripador” con su crueldad le dio vida a la legendaria historia de novela.

Se me viene a la cabeza el Tate Modern, la galería más significativa del Reino Unido. Entrar y recorrer una parte de ella me fascinó. En la zona de Bankside, el Tate es la consecuencia de una inversión cultural, una mutación espléndida. Lo que fue una central eléctrica abandonada se transformó desde el año 2000 en una de las principales salas artísticas del planeta. El substancial motor de su industria cultural es darle a la mayor cantidad de personas posibles la chance de codearse con el arte, sea a través de actividades educativas, exposiciones y hasta con ofertas laborales.

Es que Londres es un reservorio de arte e historia por donde se la mire. Y si el viajero la transita, la tendrá a sus pies para descubrirla a cada paso. Caminar por sus calles es algo más que recorrer una de las metrópolis más importantes del mundo, es transitar por el vivir de la capital de un imperio, a un lado y otro del río Támesis.

 

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De fútbol y otras pasiones

Wembley, al noroeste, y Wimbledon, al sudoeste, son sitios ideales para los amantes del deporte, aunque en todo Londres y el Reino Unido el fútbol es el rey.
Fue en la capital inglesa que en 1863 se fundó The Football Association y de esa manera se empezó a dar forma –estableciendo las primeras reglas como asociación- a lo que hoy conocemos como el deporte más popular del mundo. Su práctica, que venía con antecedentes desde la edad media, a fines del siglo XIX inició una expansión que, con la creación de la FIFA en 1904, jamás detuvo su marcha apasionada y arrolladora. Actualmente la Premier League es la liga de elite del fútbol inglés. En Londres hay varios clubes destacados, como los archirivales –uno de los derbis más importante de UK- Arsenal y Tottenham, el Chelsea o el modesto West Ham. Claro que en Inglaterra hay históricos de otras ciudades como Liverpool, Manchester United y su vecino el City, donde un crack argentino, Sergio Agüero, es el príncipe del talento por aquellas tierras.
Wimbledon es la catedral del tenis, por lo que se puede visitar el complejo después de un apacible trayecto en tren. También es buena idea viajar hacia el este y conocer Stratford, el barrio que fue escenario principal de los últimos Juegos Olímpicos, en 2012.


APUNTES VIAJEROS

COMO LLEGAR. El principal aeropuerto de Londres es el Heathrow. Además están London City Airport, Gatwick y Luton. Hay otras alternativas en el radio de 100 kilómetros, como el cercano pero exclusivo Biggin Hill, o lo más alejados Stansted, Southend, Lydd y Oxford.

ATENCION: recordar que los automóviles transitan en sentido contrario a los carriles sudamericanos.
TRANSPORTE. El Metro es una garantía. El sistema de autobuses también es eficiente. Para moverse en tren desde Londres a otras ciudades de Inglaterra está la red Intercity. National Rail brinda un servicio detallado al respecto. Para comprar tickets baratos husmear en The Train Line.

UN DATO. En tour gratis de Londres Real en español es todos los días a las 11 y a las 13, con inicio en Hyde Park Corner.

MAS INFO: Guía oficial de Londres y Agencia Nacional de Turismo de Gran Bretaña

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