Haarlem, una escala fantástica

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El plan de retorno desde la playa de
Bloemendaal aan Zee hacia Amsterdam consistía en hacer una parada en Haarlem.

Así fue. Después de pedalear y hacer equilibrio desde la baranda de uno de los puentes de la bella y tranquila ciudad medieval, el recorrido por sus centenarias calles fue extremadamente revelador por el solo hecho de pensar que aquel lugar había sido fundado como tal en 1245.
Haarlem es un importante centro comercial e industrial de la provincia de Noord-Holland, donde abundan las hectáreas de tulipanes, estandartes honorables del distrito durante siglos. No es casual que a la urbe de un poco más de 150.000 habitantes se la llame “Ciudad de la flor”.

La Grote Markt, denominación que lleva la plaza principal, está rodeada por los edificios más antiguos, además de albergar varios bares y restaurantes. Es imposible no detenerse a contemplar Grote Kerk, una impresionante catedral de estilo gótico. La majestuosa iglesia de San Bavo fue levantada entre 1400 y 1550. Todos los sábados, en gran plaza, el mercado de frutas, verduras, quesos y flores domina la escena.

 

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En el corazón citadino no pasa desapercibida la estatua de Laurens Janszoon Coster (1370-1440), oriundo de allí e inventor –según la historia local- de una especie de imprenta de caracteres móviles que pudo haberse anticipado a la mismísima creación que encumbró a Johannes GutenbergMuy cerca se destaca De Hallen (“Las Salas”, en español) un museo de arte moderno y contemporáneo con alrededor de 10.000 obras, que además es sede y exponente tres veces al año de la evolución de las artes visuales. Otro de los reservorios artísticos es el Frans Hals Museum, con valiosas obras representativas del barroco en los Países Bajos. El edificio tiene una peculiar historia: nació a principios del siglo XVII como asilo de ancianos. Con los años el lugar se transformó en un orfanato y finalmente en 1913 se erigió como museo con el nombre de un célebre pintor neerlandés: Frans Hals (1580/1585–1666).

Haarlem también es conocida por sus hofjes -de difícil pronunciación y que significa “pequeño jardín”-, un conjunto de casas agrupadas en torno a patios internos donde vivían mujeres. Generalmente eran financiados por la fundación privada de ancianas solteras. Unos 19 hofjes sobreviven en la ciudad y pueden ser visitados por el público los fines de semana. En algunos casos aún se usan para los mismos fines que antaño: albergar a mujeres solteras. Justamente el Frans Hals Museum es un exponente de hofjes, fundado en 1609.

Otra atracción es el Ayuntamiento (Stadhuis, en holandés), con una combinación de estilos arquitectónicos que tuvo su apertura en 1370 y que con anterioridad había sido residencia de caza de los condes de Holanda. Además se pueden visitar el Museo Teyler -el más antiguo de los Países Bajos- y el molino de viento De Adriaan, construido en 1778 y emplazado en un pintoresco borde del río Spaarne.

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Vista de Grote Kerk y el molino De Adriaan desde la periferia de la ciudad.

Pero Haarlem tiene una particularidad especial: su nombre motivó la denominación de uno de los barrios más famosos de Nueva York: Harlem. En 1658 los holandeses dieron, en honor a la ciudad de su patria, el nombre de Nieuw Haarlem (“Nueva Haarlem”) a un incipiente conglomerado estadounidense ubicado al norte de la ciudad de Nueva York (Nieuw Amsterdam en sus orígenes, hasta que tomaron posesión del territorio los ingleses en 1664 y le cambiaron el nombre en homenaje al duque de York). Con el tiempo, al norte del distrito neoyorquino de Manhattan, Harlem se convirtió en un verdadero gueto de la cultura afroamericana.

 


Amsterdamse Poort
fue como atravesar por un pasadizo dimensional a otro espacio-tiempo. Construida en 1355 para defensa y tráfico hacia la ciudad, la puerta marca el fin de la antigua ruta entre Amsterdam y Haarlem. Es el único puente original de los doce similares que tenía la comarca. No lo cruzamos a caballo como se hacía en épocas medievales sino que lo hicimos montando bicicletas, aunque intentando imaginar cómo hubiera sido nuestro paso por allí hace 700 años. Ahí está, eternizado, el viejo Spaarnwouderpoort, designación que tuvo la puerta hasta 1631, momento en que se modificó el mote debido a los cambios que proporcionó la excavación del canal y su camino de sirga (sendero a la vera del río), hecho que acortó los viajes hacia Amsterdam. Amsterdamse Poort, con su bella arquitectura del medioevo, es desde 1960 monumento nacional de Holanda y pieza simbólica del fantástico paisaje que ofrece Noord-Holland.

 

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Amsterdamse Poort, un pasadiso a través del tiempo.

 

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