Frankfurt, una estación para explorar

Frankfurt fue la primera ciudad que conocí de Europa. Desde que divisé su contorno por la ventana del avión, mis palpitaciones subieron en el mismo instante que la mirada se perdía en el colorido serpenteo del río Main.

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Mi encuentro con ella fue mágico, inolvidable, por eso decidí contarlo en este post inaugural. Es que así como sucede con personas que se cruzan en la vida, también me encariño con sitios que visito. Por diversas razones es común tener más feeling con algunos por encima de otros. Y en ese sentido aquel rincón de Alemania siempre estará en mi corazón. Porque si hasta allí había llegado persiguiendo una pelota (jugaba un tal Lionel Messi y debía hacer la cobertura periodística), sus calles me llevaron a conocer seres y lugares increíbles. Haber concretado el viaje era un golazo. Y significaba cumplir un deseo: pisar Europa. Lo que seguía se trataba de otro desafío, llevar adelante un propósito con bajo presupuesto pero con mucha fuerza de voluntad. Al fin y al cabo, como leí por ahí:

Lo importante del fútbol no es ganar, sino viajar”.

Escribir sobre un viaje es como volver a viajar. Y recordar mis días por Frankfurt me transporta automáticamente al trayecto que hice en tren desde el aeropuerto hacia el centro, donde en unos minutos (creo que fueron apenas ¡9!) arribé a la principal terminal urbana. Azorado por la eficacia ferroviaria -que intuía pero que hasta ahí no había experimentado- me dije: “Es Alemania, estoy en Europa”. Aún me veo saliendo de la estación Hauptbahnof, sonriendo, bajo un sol radiante, dispuesto para una nueva gran aventura.


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Llegar a Frankfurt (o Fráncfort del Meno, en castellano) significaba mucho más que desandar caminos por el Viejo Continente. Era cumplir un sueño que traía desde muy chico. Además simbolizaba un importante desafío personal, en lo profesional y en lo humano. Quizás por eso con Frankfurt estreché un lazo afectivo especial. Fue mi puerta al mundo europeo, la estación que dibujó una sonrisa que necesitaba después de algunos tiempos amargos. Mis pocos conocimientos sobre la ciudad del estado de Hesse –uno de los 16 del país- habían aparecido cuando leí en la universidad a muchos de sus intelectuales, agrupados bajo el rótulo de “Escuela de Frankfurt”, con Max Horkheimer y Theodor Adorno a la cabeza. Y transitar por la ciudad de Goëthe (1749-1832), quizás el hombre más importante de letras de la historia alemana, fue sensacional. Era sentir que había llegado lejos, que el esfuerzo de mucho tiempo tenía sus frutos.

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La cobertura periodística que debía realizar allí
era una excusa perfecta para combinar dos pasiones: el fútbol y los viajes. Y siguiendo una pelota, de pronto aterricé en tierras germanas. Merodear por Station, parada para ingresar al imponente Commerzbank Arena, fue introducirme en territorio del Eintracht Frankfurt, el principal club de la ciudad que en 2012 llegó desde la segunda división para erigirse como revelación de una Bundesliga que finalmente ganó el poderoso Bayern Munich. Quedé hipnotizado con los murales pintados en los puentes adyacentes al estadio, sobre todo aquellos futboleros que se referían al Eintracht, apodado “Die Adler” (Aguilas) por sus hinchas.

En Frankfurt tuve una impresión: nada parece alterar el orden –en todos sus niveles- de la ciudad. Es cierto que el verano boreal merma la dinámica de uno de los centros financieros más fuertes de Europa, aunque aquello es solo una explicación para entender la tranquilidad con la que esta pequeña metrópoli transitaba por esos días de agosto. La otra cuestión pasaba, sin dudas, por los propios alemanes, que hacen que allí todo funcione de manera correcta para una mejor y confortable convivencia. A pesar del tránsito peatonal, era estupendo no encontrar colas para obtener boletos del Metro: uno puede conseguirlos en unas máquinas expendedoras ubicadas en cada estación (en cinco idiomas, el pase diario lo obtuve por 6,20 euros y servía para toda la jornada, sea en subte, tren o bus). Además de limpios, en los trenes del ramal urbano no hacen falta guardias y generalmente nadie va parado. El sistema de rieles (metro, tren y tranvía) se mueven a la perfección: cómodos, puntuales y descongestionados, su tendido permite cruzar la ciudad en cualquier dirección en pocos minutos.

 

SAM_0285 Las señales de tránsito se respetan. Eso me fascinó. Por más que no se aproxime ningún automóvil, unos pocos cruzan la calle si el semáforo no habilita. Y si alguien, distraído o imprudente, traspasa cuando no es debido, los automovilistas se detienen sin chistar. Las únicas bocinas que se escuchan generalmente son de las bicicletas, ya que sus conductores tienen que estar muy alertas a los desprevenidos –generalmente turistas- que merodean por encima de las líneas demarcatorias de unas elocuentes y eficientes ciclovías. En medio, los visitantes se mezclan con los miles de habitantes de orígenes tan disímiles como sus idiomas. Alemanes, turcos, italianos, latinos, chinos y múltiples nacionalidades se concentran en la ciudad más cosmopolita de Alemania. Unas 180 etnias diferentes cohabitan allí, bajo diversos oficios y labores, y esa mixtura se nota en la cultura, el arte y la gastronomía.

Rápidamente los estereotipos sobre la ciudad se deshilacharon. No me pareció “fría” por el hecho de albergar grandes negocios empresariales o ser un sitio “de paso” por su aeropuerto. En mi estancia, Frankfurt me demostró que se la debe mirar con otros ojos.

Me instalé en un hostel en la calle Kaisertrabe e inmediatamente salí a patear. Soy de caminar, y mucho. Donde quiera que sea, entiendo que de esa manera se hace una conexión más profunda con el lugar que se pisa. Kaiserstrabe nace en la estación central y conecta la ciudad “vieja” con la “nueva”, donde sobresalen modernos y lujosos rascacielos, rodeados de bares, restaurantes y comercios de todo tipo. En una de las tantísimas tiendas de comidas, probé por primera vez kebab.

Recorrí gran parte del área céntrica como más me gusta, a pie. Luego de moverme por Kaiserstrabe, una parada obligada fue Kaiserplatz, una plazoleta engalanada por la bella “Fuente del Emperador”. A la derecha yace el coqueto Steigenberger Frankfurter Hof, un histórico hotel reconstruido luego de un atentado con bomba en 1944, ahí nomás de la Casa Junior, otra emblemática residencia que también fue restaurada luego de la Segunda Guerra. Muy cerca brilla la Torre Commerzbank, un edificio con oficinas de 300 metros (si se cuenta su antena) que hasta hace poco era el más alto de Europa. Bien cerquita también reluce el Banco Central Europeo.

Siguiendo por Kaiserstrabe se arriba a Roßmarkt (“Mercado del Caballo”). En sus orígenes la plaza estaba fuera de las murallas de la ciudad y servía para la venta de caballos. A partir del siglo 17 y 18 fue punto de ejecución pública. Allí hoy resalta el monumento a Johannes Gutenberg (1398-1468), el inventor de la imprenta, elaborado entre 1854 y 1858 por Eduard Schmidt de Launitz (1797-1869). La obra, además de la figura de Gutenberg tiene talladas las esculturas de Johann Fust (1400-1466), quien financió la idea del nacido en Mainz, y Peter Schöffer (1425-1502), el hombre encargado de completar y hacer posible gráficamente el diseño del revolucionario proyecto. Hoy la plaza alberga ferias y distintas actividades culturales. Rodeada de arbolitos, y como extensión de ese espacio, GoethePlatz es otro buen punto para descansar o tomar una bebida reparadora.

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Si se decide continuar por Kaiserstrabe numerosos bares y comercios forman parte del camino que va desde Steinweg hasta la estación de Konstablerwache, denominado “Mega-Milla” de compras por su cantidad de tiendas. Es una amplia área que en su trayecto tiene a Hauptwache, una de las plazas más concurridas de Frankfurt. Conviviendo con diversos estilos arquitectónicos allí se destacan el edificio barroco que da nombre al lugar y que en su parte delantera es una cafetería y también Katharinenkirche (Santa Catalina), la iglesia evangélica más grande de la urbe construida entre 1678 y 1681. Hauptwache es también una referencia importante del enorme ramal de transporte público. Vale la pena continuar y recorrer las anchas peatonales repletas de árboles que proporciona la zona comercial de Zeil, donde asoma elegante la famosa Galería del mismo nombre.

Ahora bien, si desde Kaiserplatz se decide girar a la derecha, después de unos minutos a pie se encuentra la casa de Göethe, en Großer Hirschgraben. Y a unos pasos más es posible distinguir a Paulskirche, una iglesia protestante que se levantó entre 1789 y 1883 y que funcionó como sede del parlamento de Frankfurt entre 1848 y 1849. Ubicada en la Paulsplatz (“Plaza de San Pablo”), también fue restaurada tras los acontecimientos de 1944 y actualmente es utilizada para convenciones y exposiciones. Poco después, por Braubachstrabe, la calzada nos deposita en el centro histórico (“Altstadt”), reconstruido casi en su totalidad después de la Segunda Guerra Mundial.

La plaza Römerberg es un clásico de Frankfurt. Considerada epicentro de la “ciudad vieja”, allí están enclavados varios sitios históricos. Uno de ellos es la Haus Wertheim, una casa de siglo XVII que salió ilesa durante la guerra -la única del Altstadt que no sufrió daños- y que hoy funciona como pastelería en la parte superior y bar en su planta inferior. También se destacan el Museo Histórico, con obras desde la Edad Media hasta la actualidad, y el Römer, nombre del atractivo ayuntamiento de estilo gótico y fachada típica del siglo XV. El legendario espacio tuvo su primera feria de productos en 1240, ritual que prosiguió con el tiempo y aún perdura entre los residentes. En diciembre, por ejemplo, se instala un gran mercado navideño: Weihnachtsmarkt. A la vista del visitante, digna de admiración es Nikolaikirche o la iglesia de San Nicolás.

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SAM_2217El paseo nocturno con
Martin, un alemán que contacté a través de Couchsurfing, y su amiga de Moscú, quienes oficiaron de guías, fue una experiencia asombrosa. Rondamos a orillas del río, a un costado del Museum Surfer, un emplazamiento que agrupa edificios ideales para los amantes del arte. Luego recorrimos los alrededores del Dom, la catedral de estilo romano gótico construida entre los siglos XVI y XV en honor a San Bartolomé.
En el recinto fueron elegidos los reyes y emperadores alemanes durante siglos. Por último merodeamos un rato por la plaza principal, que yacía solo para disfrute de nosotros.
Archäologischer Garten nos sitúa en la etapa romana de Frankfurt, con ruinas de lo que fueran baños termales y una fortaleza militar. Con suma paciencia, los anfitriones relataron parte de la historia de cada lugar que pisamos y me desasnaron acerca de tradicionales costumbres citadinas. Una razón por la que adoro couchsurfing es que en apenas unos minutos, con un mensaje o simple llamado, uno está conversando o paseando con alguien que acaba de conocer y con quien comparte el placer de viajar.

Al noroeste de la ciudad Opernplatz permite contemplar el Dem Wahren Schoenen Guten, el antiguo teatro de la ópera de Frankfurt, de estilo renacentista e inaugurado en 1880. El sitio fue otro de los blancos en los bombardeos de la Segunda Guerra en marzo de 1944, evento que ocasionó grandes destrozos a sus instalaciones. Se empezó a reconstruir en la década del ‘60 y fue reabierto en 1981, ya con el nombre de Alte Oper.

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Opernplatz (“Plaza de la Opera”) se ubica en medio -si se toma como referencia su fuente “Casa de la Opera”, puesta en funcionamiento en 1872- de una estupenda zona para caminatas y exploraciones, rodeada por tres parques, el Rothchildpark, el Bockenheimer Alange y el Taunusalange.

Por CS también me encontré con Emanuela, una enfermera que vivía al norte de la ciudad, muy cerquita de la Deutsche National Bibliothek y que gentilmente me recibió en su casa. De raíces italianas había trabajado en Camerún y por esos días cumplía tareas en un hospital local. A pesar de sus labores se hizo tiempo para interesantes conversaciones y mostrarme puntos frecuentados por los autóctonos, por fuera del cotidiano ámbito turístico. Por cierto, no puedo dejar de mencionar un sabroso almuerzo compartido, que traducido al castellano sería: cerdo salvaje con papas y colirabit. Además del paso a paso callejero, otra espléndida opción es observar la ciudad desde las alturas. Para eso una fantástica vista se consigue desde lo alto de la Torre Main.

Me fascinan los mapas. Y tener el del Metro en mis manos me llevó a circular por muchas de sus líneas. Uno de los periplos lo hice justamente desde lo de Emanuela. Crucé de norte a sur y me dirigí a visitar la localidad de Neu-Isenburg, que cuenta con un amplio complejo deportivo donde en su momento la Selección Argentina se entrenó previo a un duelo contra Alemania en 2012 (el choque se disputó en el Commerzbank-Arena con triunfo albiceleste por 3-1).

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Sin dudas uno de mis paseos preferidos fue deambular a la vera del río. Disfruté mucho del paisaje tirado en el césped de la costanera. Desde la estación Hauptbahnhof, un trayecto consiste en llegar al puente de Friedensbrücke, donde la vista al Main y a la ciudad es sencillamente admirable tanto de día como de noche. En mi recorrida me asombré al pasar por Baseler Platz y ver correr a varios conejos por los recovecos de la plazoleta. “Aquí nadie los molesta”, me aclaró Martin.

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Westhafenplatz, a la vera del río Main.

Quedé encantado al enfrentarme con la torre Westhafenplatz, una estructura de cristal de casi 110 metros de alto y cubierta por más de 3500 triángulos de vidrio. Su arquitectura de asemeja a un clásico vaso de sidra, una bebida que, al costado del río, también es común verla circular en jarra (denominadas “Bembel”). De ahí en más, la caminata es magnífica.

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Candados de amor, en Eiserner Steg.


La escenografía invita a la relajación, en cualquier dirección del río. Entre el
Friedensbrücke (“Puente de la Paz”) y el pintoresco Eiserner Steg (“Puente de Hierro”), además de los cruces de Holbeinsteg y Untermainbrücke, se emplaza el Museum Surfer. El área es lugar ideal para bicicletear, correr y también descansar bajo una panorámica increíble.

Por aquellos recuerdos, por devolverme la sonrisa y ser mi primera estación europea, Danke Frankfurt!

APUNTES VIAJEROS
TRENES: todo sobre los servicios ferroviarios están en Deutsche Bahn.
BUSES: por líneas nocturnas de micros, ir a Nachtbus.
TRANSPORTE. Para saber acerca de horarios y conexiones de líneas de metro, tranvía y bus, visitar: Traffiq.
HOSPEDAJE.  A modos de recomendación:  United Hostel y Frankfurt Hostel.
AGENDA. Por exhibiciones, congresos y eventos en la ciudad: Messe Frankfurt.
PARA BAILAR. Un cóctel latino de viajeros y europeos se encuentra en Curubar.
GASTRONOMIA. EL 3X1 podría ser comer salchichas, degustar un buen kebat y probar jägermeister… Dicen que “panza llena, corazón contento”: ¡A brindar con salud!
NAVEGAR. Para disfrutar de un paseo por el Meno, averiguar en Primus Linie.
MAS INFO: Sitio oficial de Frankfurt y Guía de Turismo  de la ciudad.

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