Escapada hacia Versalles

Desde la Rue Borromé, calle que me acobijó durante mi estadía en París, caminé hasta la estación de Volontaire estudiando el mapa del Metro. Barajé distintas variables de conexiones, todas con un mismo destino final: Versalles.

 

SAM_1938
SAM_1981
El Chateau Versailles, o Palacio de Versalles en castellano, es un museo único en las afueras de la capital. Creado como tal en 1837, el conocido “Museo de la historia de Francia”, al igual que el Louvre en sus orígenes fue una imponente mansión donde vivió buena parte de la realeza francesa. Construido por Luis XIV (1643-1715), la famosa María Antonieta (1755-1793) fue la última reina de Francia en residir allí. De sitio de caza de Luis XIII pasó en 1682 a sede de gobierno. Allí el poder de los reyes se libró hasta 1789, momento que irrumpió la revolución francesa. Tres años después fue saqueado, aunque unas décadas más tarde se convirtió en museo por orden de Luis Felipe (1773-1850). El castillo, obra del arte francés del siglo XVII, posee en la actualidad más de 63 mil metros cuadrados, de los cuales unos 50 mil están abiertos al público. El parque tiene 800 hectáreas, con 42 kilómetros cuadrados de paseos.


SAM_1970

Grandilocuentes jardines y estanques embellecen el lugar por donde se lo mire. Un gran lago –llamado Gran Canal- es el majestuoso fondo que se avizora inconmensurable desde el interior de una construcción colosal, adornada con nutridas obras de artes y pinturas tantos en paredes como techos. Versalles sin dudas es una marca registrada del lujo y ostentación en que vivió la monarquía europea. Y si bien causa estupor observar la incontable riqueza que giró alrededor de unos pocos, producto de uno de los imperios más vigorosos, su visita nos transporta al pasado para revisarlo una vez más con suma atención.


Si la visita es en verano conviene ir bien temprano o llegar después de las 16, sobre todo para agarrar menos tránsito de turistas. Desde París, entre ida y vuelta, el periplo se hace en dos horas de viaje. Si a eso le sumamos otro par de horas para recorrer el jardín y otro tanto en caminar por el interior del Palacio, lo ideal es tomarse todo el día para escaparse a
Versalles.

En lo posible hay que ir en un día de sol, para disfrutar del recorrido y del inmejorable descanso que ofrece el verde césped a los pies del Gran Canal, donde en su momento el propio Luis XIV probaba los buques y donde paseaban góndolas y gondoleros traídos exclusivamente desde Venecia. En mi caso, allí dormí una buena y reparadora siesta.

 

SAM_1954

En Versalles, además de obras de arte, se puede apreciar el espíritu de antaño a través de conciertos y espectáculos musicales, tanto en la sala de la Opera Real, en el Salón de los Espejos o en los mismísimos jardines.
De los rincones del parque de la residencia real, se destaca un show especial: la danza de agua en sus fuentes al compás de composiciones barrocas. Ese acto, que se realiza martes y sábados desde abril hasta octubre de cada año, es simplemente impresionante.

SAM_1975

En el Salón de los Espejos se firmó, al término de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles, que le puso oficialmente fin al combate entre Alemania y los Aliados. La supersticiosa creencia popular de que si se rompe un espejo se atraen siete años de mala suerte surgió justamente en esas paredes. Si un sirviente real rompía un espejo de la sala, el subsanarlo le costaba al infortunado empleado doméstico siete años de paga.

SAM_1988Caminata por el histórico Salón de los Espejos.


SAM_1983
La capilla real, vista desde la tribuna.

SAM_1987Techo del salón de Hércules (François Le Moyne).


SAM_1969
Postal de la Fuente de Apolo, inspirado en el Dios de la mitología griega.

EL DATO
El Paris Pass es un pase que se compra para evitar colas y ahorrar algo de dinero si se planea visitar sitios turísticos. El ticket permite el ingreso directo a museos, movilidad en transporte, folletos de información y descuentos en tiendas de la capital francesa.

Hay dos maneras de viajar los casi 25 kilómetros que separan el centro parisino del sitio que antaño fue cuna de reyes y absolutismo: una es comprar un clásico paquete turístico y la otra hacer el trayecto por cuenta propia, en bus o en tren. Las dos son valederas, la primera porque quizás es más organizada y un guía puede ayudar a no perder detalles interesantes del Palacio. De elegir la segunda alternativa y trasladarse sobre rieles, en subterráneo hay que tomar la línea C, con dirección a Versailles-Rive Gauche. La región parisina está divida en 5 zonas, y si bien las principales atracciones están dentro de la 1 y la 2, para Versalles es necesario comprar un billete especial por encontrarse en la 4. Para más información visitar la página de RATP (autoridad de transporte parisina). Una vez allí se saca el boleto y se organiza el paseo a gusto. La web del meptropolitan brinda horarios, conexiones y detalles muy útiles para el visitante acerca del sistema de transporte público en París y la zona.

En definitiva, a pocos kilómetros de París, Versalles es una buena opción para conocer un poco más de la historia de Francia.

 

SAM_1960Postal de un clásico de Versalles, la Orangerie o invernadero de los naranjos.


APUNTES VIAJEROS

Oficina de Turismo de París
Palacio de Versalles

Deja un comentario

Basic HTML is allowed. Your email address will not be published.

Subscribe to this comment feed via RSS