Esas ricas porciones de Lima

A paso lento y acompañado por la brisa del Pacífico descubrí tres bonitas caras de la capital peruana. Los recorridos por Miraflores, el centro histórico y Campo de Marte marcaron a fuego mi itinerario viajero.

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Llegué a Lima sin soles. El cepo cambiario en Argentina me hizo aterrizar en Perú sin una mísera moneda local y mucho menos con algún que otro dólar. Pero aquello poco importó. Sin la suerte de lograr cambiar mis pesos en el aeropuerto, tomé mi transfer –menos mal que lo había pedido con antelación- hacia el hostel, al que me presenté sin un centavo pero con una gran sonrisa.
Mis amigos de Che Lagarto me recibieron como siempre, con la mejor buena onda y la yapa de un vaso de pisco recién elaborado. “No te preocupes, arreglamos el lunes”, me dijeron amablemente antes de ubicarme en una de las habitaciones de una hermosa locación en el Pasaje Schell (entre Alcanfores y Avenida Larco), en el barrio de Miraflores, uno de los más coquetos de la ciudad.
Era sábado por la noche y hasta el lunes, día que habría la agencia que me daría mis billetes –depositados de antemano en La Plata en pesos argentinos y convertidos en verdes norteamericanos- anduve con lo justo, pero sonriente y expectante por los días venideros.

El fútbol y mi apetito viajero me habían transportado hacia Lima. La que fuera capital del Virreynato del Perú, la ciudad más importante de la región en tiempos donde España gobernó por imposición en gran parte de América desde los siglos XVI al XIX, me saludaba con su traje gris.

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En la calle Tarata me veo almorzando pescado con frijol y arroz, acompañado de un vaso de jugo de maracuyá y una sabrosa mazamorra morada como postre. Es que mis primeros pasos fueron por el barrio que me albergaba. Miraflores es sin dudas una de las zonas más pintorescas. El área, enclavada en el sur de la gran urbe, es ideal para que el visitante disfrute de una estadía muy cerca de la franja costera. Sus playas, bañadas por las frías aguas del Pacífico, estimulan una y otra vez a la caminata, la mejor manera de conocer uno de los sitios más bonitos de Lima.
El recorrido puede empezar en el Parque Central, que de un lado tiene al edificio de la Universidad de Piura y en otro a la Iglesia de la Virgen Milagrosa. Si se toma la avenida Larco, una de las principales vías, se pasa por la Municipalidad, para luego continuar hasta las puertas del extenso horizonte marítimo. El bello centro comercial de Larcomar es el mirador perfecto para apreciar una vista fabulosa desde uno de los tantos barrancos que prevalecen en la escenografía.

Luego el paseo puede seguir por el circuito de las playas Costa Verde, camino al Faro de la Marina. Es necesario hacer una parada en el Parque del Amor, distante aproximadamente a un kilómetro desde Larcomar.

A pie, transitar por encima de los acantilados es una travesía sin costo alguno más que el físico. Claro que si la idea es interactuar con las olas, son muchos los surfistas que ofrecen sus servicios, por lo tanto tomando unas clases sobre la tabla pronto el viajero podrá intentar deslizarse por las crestas del océano. En playa makaya, dos opciones son válidas para aprender surf: Los Hermanos del Mar y Pukana Surf.

 

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Y hasta desde el aire se puede contemplar esa espléndida región costera, ya que para elevar un poco más la adrenalina los vuelos en parapente son tan emocionantes como exóticos, en el que el visitante puede guardar un recuerdo único del paisaje desde las alturas limeñas.

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Después de unos días ya tenía soles, pero faltaba el estelar Sol, que, como presumía, apareció poco y nada sobre Lima. De todos modos, pude disfrutar de su esplendor por un tiempo al borde del mar, aunque generalmente la ciudad prevaleció con su habitual gris.

En tierra, el centro histórico es cita obligada para el que llega por primera vez a la capital peruana, que cuenta con la población más numerosa del país, unos 8 millones de habitantes. Alrededor de La Plaza Mayor abundan edificios simbólicos, como la Basílica Catedral de Lima, de estilo renacentista y neoclásico, o el Convento de San Francisco, que empezó a construirse en 1546 y que con su diseño barroco forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1991. También yacen en las inmediaciones la Municipalidad Metropolitana, el Palacio de Gobierno del Perú, de estilo neobarroco, y el Palacio Arzobispal.

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Otro espacio para visitar es el Campo de Marte o Plaza de la Revolución. A Jesús María, uno de los 43 distritos en los que está subdividida Lima, llegué en bus para conocer la fiesta gastronómica de
Mistura, que se realiza todos los años desde 2008. Obvio, si vas a Perú, tenés que deleitarte con la gastronomía local, vayas donde vayas cualquiera sea el punto de su territorio.

Fue un día en el que disfruté del parque en medio de miles de peruanos que degustaban platos típicos de todas sus regiones. Es imposible probar todos, así que opté por recomendaciones de una colega periodista, con quien recorrí buena parte del lugar luego de encontrarnos gracias a Couchsurfing.

La feria internacional cuenta con productos que van desde semillas a elaboración de panes, pasando por frituras, carnes asadas y diversas cocciones de pescado. Ceviche y Osobuco ocuparon una importante porción de mi menú, que también sumó un sabroso sándwich de tiburón.
Pisco y chocolates se agregaron como postre. Debo confesar que la Inka Cola (la Coca Cola peruana) me pareció demasiado dulce, así que bajé todo lo ingerido con agua. Caminé por la feria instalada en un espacio donde sobresalen estatuas, esculturas y que albergaba en esa oportunidad numerosas parrillas y cocinas que alimentaron durante varios días a los visitantes, que hacían extensas colas para probar su bocado predilecto. Al mismo tiempo, entre el humo y el aroma de los platos, entre comidas, shows y concursos, no faltaron los bailes autóctonos para acompañar y adornar esa encantadora escenografía limeña.

Mis viajes generalmente están marcados por el fútbol. Por eso en Lima el camino me llevó a distintas zonas citadinas, como la concentración del seleccionado peruano, en el distrito San Luis, y el área financiera de San Isidro, donde está el lujoso hotel cinco estrellas (The Westin Hotel) que en su momento alojó la Selección Argentina. También recorrí los alrededores del mismísimo estadio Nacional, en el barrio Santa Beatriz, al que llegué tras un apretujado periplo en Metro y contemplé –junto con otros periodistas- un partido en medio de la euforia de la platea local.

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Caminar por la Ciudad de los Reyes, tal como la denominó el conquistador español Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535, es hacerlo por un pedazo de historia de Sudamérica. Y si bien transité por numerosos rincones citadinos, seleccioné a Miraflores, el centro histórico y Campo de Marte como las tres caras de Lima que se deben conocer en un primer viaje al corazón político, financiero y comercial de Perú.

EL DATO
Los taxis son baratos aunque como en todo Perú el precio siempre se negocia. Si es necesario hay que consultar más de dos para luego decidir cual conviene tomar. El “regateo” es cotidiano y eficiente para obtener buenas tarifas.

LA MONEDA
Una alternativa para cambiar dinero si hay problemas de divisas es Argenper, una agencia con sedes en varias ciudades argentinas, donde se depositan pesos y luego se retiran dólares en suelo peruano.

CÓMO MOVERSE
Además de taxis, combis y buses son alternativas por el caótico transitar de Lima. Otra opción posible es el Metro (www.lineauno.pe y www.aate.gob.pe), algo más rápido y eficiente y que cuenta con 26 estaciones.

PARA ALOJARSE
Recomiendo a Che Lagarto, ubicado en Miraflores y con características cruciales para un viajero: la cordial amabilidad. Además está bien ubicado, es económico por el confort que brinda en sus servicios.

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