El camino del arte

Europa es un destino donde abundan museos y galerías: aquí algunas de las salas más fascinantes del continente.

Si andar por las calles de Europa es toda una aventura para el viajero, introducirse en los submundos de su cultura hace mucho más tentador el recorrido.
A continuación daremos un paseo por varios de los museos más importantes, tomando como referencia a cuatro ciudades: Fráncfort, Amsterdam, Londres y París. La decisión es arbitraria, pero ante la abundancia de reservorios de arte a lo largo del territorio europeo, opté por marcar ciertos itinerarios que se pueden hacer durante la travesía por aquellos lares para maximizar el tiempo del visitante.

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El Instituto de Arte Städel, a la vera del Main.

Fráncfort, uno de los centros financieros más importantes de Europa, pero a su vez la metrópoli más pequeña, tiene al alcance del viajero –sea ocasional o de negocios- un repertorio significativo para codearse con el arte. En la ciudad del gran Goethe (filósofo, escritor y político, quizás el principal hombre de letras de la historia alemana; 1749–1832), son más de una decena de museos los que constituyen un reino encantado para los amantes de las reliquias históricas producto de impresionistas que van desde pintura clásica a moderna.
A orillas del río Meno, el Museumsufer, un terraplén que agolpa edificios cargados de obras y antigüedades, es un recorrido cultural de excelencia en Alemania y toda Europa. Para tener una guía y realizar una mejor elección a la hora de una visita, el viajero puede consultar en su programa. Allí se encuentran, uno al lado del otro, el Giersch Museo; el Liebieghaus; el Instituto de Arte Städel; el Museo de la Comunicación; el Museo Alemán de Arquitectura; el Museo Alemán de Cine; el Museo de las Culturas del Mundo; el Museo de Artes Aplicadas y la Fundación Dr. Schmidt-Voigt. A otro lado del río, el Museo Judío, el Museo de Historia y el Museo de los Niños son parte del periplo, conjuntamente con el Museo Arqueológico, el Museo de Arte Moderno y la famosa galería Schirn.

De la tierra de la Escuela de Fráncfort nos trasladamos 440 kilómetros al norte, a la bella Amsterdam, que además de sus pintorescos canales del siglo XVII, ofrece una admirable oferta cultural.
Para empezar la recorrida justamente una hija de nuestro anterior destino, Frankfurt, tiene su museo en la capital de Holanda: Ana Frank. Visitar la casa donde la joven escribió sus famosas cartas –luego convertidas en libro- en el momento que el país fue ocupado por el nazismo es indagar y reflexionar sobre los horrores de la guerra.
Punto obligatorio para los amantes del arte sin dudas es el museo del pintor Vincent van Gogh (1853–1890). Ahí nomás del Rijks -otra sala importante-, a un costado del parque denominado Museumplein (“Plaza de los Museos”), la casa de Van Gogh siempre asoma como un atractivo al sur de la ciudad. De las obras del artista (unas 1200), en el edificio que tiene entrada por la calle Paulus Potterstraat se aprecian 201 pinturas, 437 dibujos y 31 grabados. Ahí mismo, se puede conocer acerca de la vida del nacido en Zundert Brabante y los diferentes períodos del trabajo de Van Gogh (1880-1890) desde sus inicios.

SAM_0605En las puertas de la casa de Van Gogh, en Amsterdam.

De los Países Bajos cruzar por el Mar del Norte hasta la isla es algo sencillo, sobre todo en avión, donde en apenas una hora uno está en suelo inglés. Arribar a Londres es llegar a una de las metrópolis más importantes del mundo. Y si la ciudad es un monumento a la guerra por sus esculturas a líderes militares que en otras épocas conquistaron parte del planeta, su variedad de museos y galerías es tan amplia como seductora. Entre tanto sitio relacionado con el universo cultural, un lugar emblemático es el Museo Británico, donde se encuentran 7 millones de piezas de todos los continentes, con una extraordinaria sección del Antiguo Egipcio que la convierte en la segunda más trascendente luego de la del Museo Egipcio de El Cairo. Si a literatura se refiere, ahí se guarda gran parte de la biblioteca británica.
Si de escritores hablamos, la capital de Inglaterra tiene varios paseos relacionados con la vida de sus hombres de letras más famosos, y que allí se inspiraron para muchas de sus trascendentes publicaciones. Por lo tanto se puede pasar por las casas donde vivieron los célebres Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle y Charles Dickens, o simplemente recorrer los sitios que relataron en sus obras.
Aquí también proponemos una visita al Tate Modern, la galería más significativa del Reino Unido por su interacción con el público.

En las afueras del Tate Modern.

En las afueras del Tate Modern.

La oferta cultural es abundante, tanto, que según la Agencia de Desarrollo de Londres la ciudad es la mayor del mundo en ese rubro, por encima de París, Tokio y Nueva York. Según el relevamiento del organismo efectuado hace unos años la capital inglesa cuenta con más de 200 museos, casi un centenar de galerías -con la National Gallery como estrella-, 395 bibliotecas públicas y más de 200 salas de teatros y conciertos.

SAM_1100La Galería Nacional desde la mítica plaza de Trafalgar Square.

De Londres a París. La frase bien podría ser el título de una novela o columna de una revista turística, pero también es un periplo elegido por muchos viajeros en su descubrimiento del Viejo Continente. Por lo tanto, en un poco más de dos horas uno puede pasar de desayunar y caminar a la vera del río Támesis a recorrer por la tarde la Isla de la Cité, donde las aguas del Sena envuelven a Notre Dame y dejan llegar al visitante hasta las puertas del Louvre.
El Palacio Real convertido en museo, abierto como edificio histórico en 1793, es uno de los reservorios de arte más visitados del planeta. Allí uno se topa con La Gioconda o puede quedar enceguecido por la Venus de Milo. Contemplar “La consagración de Napoleón” (1806), pintado por David, o meterse en la extraordinaria sala egipcia, es apenas el primer paso por las enormes galerías que exponen unas 35.000 obras, entre pinturas, esculturas y piezas antiguas. Consejo: por su extensión y para no malgastar el tiempo, elegir que mirar antes de entrar.

SAM_2100La emblemática pirámide del Louvre, en suelo parisino.

El Museo de Orsay, el Palacio de los Inválidos o las Catacumbas son muestra de la variedad de opciones entre los más de 180 museos en la Ciudad Luz. Asimismo, una vez en suelo parisino, una buena idea es guardar un día para escaparse hasta Versalles, en las afueras de la urbe, a 24 kilómetros del centro, que ostenta en su palacio y jardines la vanidad y el lujo que otrora se dio la realeza francesa gracias a la fortuna de un poderoso y desafiante imperio.

Este post no es más que una breve reseña que permite agendar periplos en una posible hoja de ruta de futuros caminantes, dispuestos a brindarse por el arte y la historia de una ciudad.
Europa a cada paso tiene una industria cultural variada y al alcance del viajero. Allí todo lo que deja de usarse, como lei motiv, se transforma en museo.

UNA CIUDAD, UN MUSEO

Viajar es siempre una instancia de aprendizaje. Y si a través del arte también podemos conocer la historia y la cultura de cada lugar que se visita, la experiencia es sumamente enriquecedora.
Si decimos Madrid se viene enseguida a la cabeza el Museo del Prado; si estás en Roma es imposible no asistir al imponente Coliseo. Si el destino es Atenas, visitar su acrópolis da cuenta de una civilización que dejó un legado asombroso. Diferente es lo que se muestra Auschwitz, en Polonia, donde el Museo del Holocausto nos enseña sobre los horrores y miserias de la guerra. En Zúrich, Suiza, el Museo Nacional muestra la riqueza de su país desde la prehistoria hasta la actualizad, en un castillo salido de una película de caballeros y dragones; en Praga, República Checa, el también Museo Nacional resalta en importancia por encima de sus coterráneos. Y en Bucarest, Rumania, las palmas se las lleva el Museo de Historia Nacional.

 

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