Salinas

“Siempre parece imposible, hasta que se hace” (Nelson Mandela)


“Todo sueño no es dado con el poder para hacerlo realidad” (Juan Villarino)

A RODAR


Pelota Viajera
nace de la íntima relación de dos pasiones: el fútbol y los viajes. Ambas concebidas por un soñador curioso de conocer los diversos caminos del mundo.

Considero que viajar es un ejercicio natural de libertad. Es siempre una instancia de aprendizaje, de comunicación con el mundo. Y también de encuentro, a la distancia y desde otra perspectiva, con nosotros mismos. 

Con los años comprendí que no importa el territorio ni el idioma, tampoco las disímiles costumbres ni el color de la piel, sino que lo valioso e importante pasa por la actitud que tomamos frente a la diversidad que nos ofrece la geografía. En cualquier latitud los seres humanos somos más parecidos de lo que creemos, en parte gracias a una palabra que encontré en el camino: hospitalidad. Por lo tanto, si estamos abiertos al intercambio cultural, la experiencia es sencillamente maravillosa. Y viajar posibilita esa interacción de múltiples maneras…
Siempre acudo a una frase hecha, pero muy cierta: un viaje se inicia en el mismo momento en que se lo imagina. Y viajar me permitió volar con la imaginación, como cuando era un chico, allá en mi Francisco Madero, donde empecé a perseguir mis pequeños sueños. Porque a mí juicio viajar es, en cierta medida, como soñar despierto.

Purmamarca

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), en “La Vida es un sueño”.

Creo que cuando hacía girar el globo terráqueo de mi tía Lila, para luego frenarlo con el dedo señalando un punto del mapamundi, ahí, en ese instante, sabía que viajar sería una de mis pasiones. Quizás por ello hice mi propia “Expedición Atlantis” (una proeza que me fascinó) sobre unos troncos desparramados en el monte frente a mi casa, cuando jugaba a cruzar océanos y combatir tempestades. Recuerdo quedar atónito ante el televisor con las peripecias de Phileas Fogg (interpretado por Pierce Brosnan) y Passepartout (Eric Idle), en “La vuelta al mundo en 80 días”, una de las adaptaciones al cine de la famosa novela de Julio Verne.

Siempre hubo espíritu aventurero. A los 14 años disfruté excitadísimo caminar solo por la rambla de Mar del Plata, mientras mi adorable anfitriona, Nenicha, trabajaba en tribunales. Para un chico de un pueblo de 1500 habitantes, aquel sencillo acto era una odisea. Reminiscencias imborrables de ni niñez, que me marcaron para siempre.

“¿El señor viaja? –preguntó Passepartout.

Sí –respondió Phileas Fogg-. Nos iremos a dar la vuelta al mundo.
Passepartout, con los ojos desmesuradamente abiertos, los párpados y las cejas levantadas, los brazos distendidos, el cuerpo desplomado, presentaba, entonces, todos los síntomas del asombro llevado hasta el estupor.

La vuelta al mundo –murmuró.

En ochenta días –respondió el señor Fogg-, así que no tenemos tiempo que perder.

Pero ¿y las maletas? –dijo Passepartout, que balanceaba inconcientemente su cabeza de derecha a izquierda.

Sin valijas. Un bolso solamente.”

La Vuelta al Mundo en 80 días, de Julio Verne.


El deporte, desde chico muy arraigado en mí, me dio alas
. Si bien practiqué varias disciplinas, con el fútbol empecé a desandar caminos. En el patio de mi casa, en anchas calles de tierra, en los añorados potreros, en el club del pueblo o de ciudad en ciudad fue pateando una pelota como coseché mis primeros amigos. Porque de eso se trata el fútbol en su esencia más noble, del sentido de la amistad, de compañerismo, de pertenecer a un equipo. De correr detrás de un cuero redondo por una pasión compartida.


El fútbol es una de mis pasiones. Los avatares de la vida hicieron que una vez terminado mis estudios universitarios en La Plata, mi profesión me llevara –por causalidad o causalidad- a estar ligado al
deporte desde el periodismo. Con el paso del tiempo vinieron los viajes, uno tras otro. Por Argentina, Europa y Sudamérica, muchos se dieron -con el privilegio que significa para un futbolero- siguiendo a la Selección Argentina. Poco a poco el fútbol se convirtió en un excelente pretexto para viajar, pero también en algo así como un compañero inseparable
Un inolvidable viaje por el norte argentino en 2010 encendió mis motores internos. De ahí en más, no paré.

Terma de Reyes Jujuy

Alguien me dijo una vez: “Cuando subas a un avión, nunca más te vas a querer bajar”. Algo de razón tenía. Pero me di cuenta que no era una cuestión de transporte, sino de tomar el toro por las astas. Por eso me largué a viajar, sea en avión, tren, micro, bicicleta o haciendo dedo.

Escribir sobre viajes es como volver a viajar. Este blog nació mucho antes que se desparramen estas palabras. Germinó mientras me bañaba en preciosas playas brasileñas, en los juegos bajo la nieve de la Patagonia, en las caminatas a orillas del Támesis o empapándome con la lluvia de París. Floreció en Tilcara, que me enamoró como todo Jujuy; en Río de Janeiro, envuelto en la samba en Pedra do Sal; en Cusco, entre callecitas y mercados; en Holanda, pedaleando hacia el mar del Norte; en Montevideo, caminando alrededor del histórico estadio Centenario…

En realidad –y creo que siempre lo supe- nunca importa el lugar que visito, sino vivir esa encantadora sensación de ser libre, como el viento.

Generalmente comienzo mis viajes solo. Me alojo en casas particulares, haciendo Couchsurfing, y en hostels. Nunca es un problema perderme, sino otra manera de llegar a destino. En más de una ocasión quedé varado en aeropuertos y estaciones de micros. Viajando por ahí también me robaron. Me maravillé con paisajes que tenía ante mis ojos pero mucho más con la hospitalidad que me regalaron, a cada paso, personas que jamás olvidaré.

La idea en este blog es contarles un poco sobre mis aventuras viajeras e incentivar a que realicen la suya. Y de paso, con mis experiencias, poder dejar algunas pistas para la “hoja de ruta” de quienes buscan nuevos horizontes y aún no se animaron a salir con su mochila. Para viajar solo hace falta una cosa: decisión. Porque como sostiene un viajero de ley como Andrés Brenner (viajoscopio.com): 

                    “Nadie va a cumplir los sueños por nosotros”.


Las ganas le ganan a cualquier miedo (…) Si nunca salís de tu casa no te vas a enterar lo que hay afuera”. (Aniko Villalba)

Hay que romper con los prejuicios y temores que genera lo desconocido. No hay que quedarse con los relatos parciales y dejar atrás las opiniones negativas esgrimidas generalmente por quienes no viajan, o lo hacen solo para vacacionar bajo un estricto régimen turístico. Los clásicos comentarios que sobrevuelan en nuestro entorno cuando uno confiesa que hará un viaje son: “¿Estás loco?”, “¿Dónde vas a dormir?”, “¡Que peligro!”, “Es muy inseguro andar solo por ahí, ¿no viste la televisión?”. Yo digo: que nada detenga tu ímpetu. Siempre buscá las historias de los viajeros. Bucear en sus blogs es indispensable para comprender que todo es más simple de lo que creemos.

Caminar por el mundo con un gran sonrisa es fundamental. Nadie se va a animar a hacerle daño a alguien que viene caminando con una sonrisa. Esos son pequeños ademanes que te van protegiendo mientras caminás” (Juan Villarino)

Viajeros como Juan esgrimen que la mejor vía de comunicación en cualquier parte del planeta es a través de una sonrisa. Estoy convencido que un gesto tan simple abre puertas inesperadas. El fútbol funciona de la misma forma, como si se tratara de una llave mágica, sin importar el idioma ni el lugar. Porque no interesa la latitud, el fútbol no conoce de fronteras.

Por eso adoro rodar como una pelota, de acá para allá. Casi siempre congeniando las travesías con mi trabajo, el viajar me hace crecer y aprender. Es una gimnasia que enriquece el alma y también una manera de probarme, de mantener mis sentidos en alerta. De vivir momentos imborrables. De eso se trata la vida, de contentarla cuanto más se pueda.
Amo estar con mis hijos, jugar al fútbol, viajar, convivir con la naturaleza y la interacción cultural que nos brindan las relaciones humanas. Me atrapan las historias y venero la libertad, razón existencial por la cual se debe luchar.

Valoro las pequeñas cosas de la vida, esos simples detalles que toman significancia en un abrazo, una sonrisa, una palabra o el mismísimo silencio cómplice en una caminata compartida. Creo que todos tenemos una historia que contar. Y en este blog, compartiré un poco de la mía…

 

Un abrazo grande, Diego!

ACERCA DE MI

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